jueves, 22 de noviembre de 2012

Capítulo 9: Un paso más.


Una vez lejos del centro, Federico frenó el coche, miro a Angélica, ya no lloraba, pero sus ojos, celestes como el cielo, mostraban una profunda tristeza, Federico la abrazo, y ella volvió a derramar unas cuantas lágrimas, suspiro muy profundamente y dijo: - “Perdoname, que papelón.” Él le beso la mejilla y le respondió – “¿Me pedís perdón por llorar? A vos debería pedirte perdón la persona, o el animal que logro que te angusties de esta manera.” – “Es una pavada, lo que pasa es que estoy cansada, trato de hacer las cosas bien, y no sirve de nada, me siguen haciendo daño, no sé qué hacer, todo lo que Aida hace, lo hace para lastimarme. A veces siento que se ocupa más de que yo no sea feliz, que de buscar su propia felicidad.” Respondió ella. – “Vos sos un sol, esa chica no merece que te pongas así, nadie tiene derecho a angustiarte de esa manera, y no es una pavada, todo lo que esté vinculado a vos, es importante para mí, yo quiero conocer tus miedos, tus dudas, lo que te hace mal, y lo que te hace bien.” Contestó Federico. – “Vos me haces bien.” Dijo Angélica con una sonrisa. Él la le beso las manos y dijo: - “Bueno, no más lagrimas! Ahora vamos a comer algo, y después a visitar un lugar muy especial.” Volvió a poner en marcha el auto. – “¿A dónde vamos?” pregunto ella. – “Es una sorpresa, no seas ansiosa” respondió él. Angélica sonrió. – “Es un poco largo el viaje, no te asustes, aunque me gustaría que te quedes conmigo, no está en mis planes secuestrarte.” Continuó Federico. Ella reía.
Durante el viaje hablaron de sus familias, ella tenía 3 hermanas, Roxana, Violeta, mayores que ella, y la mas chica Florencia, un sobrino, Agustín (hijo de Violeta). Sus padres Silvina y Luis. Federico tenía dos hermanas, La mayor de los tres era Julia, madre de tres chicos, Nahuel, Santino, Micaela, en la espera de su cuarto hijo, a quien llamará Martin. Y finalmente Margarita, la más joven de la familia del Valle. Su padre José Luis, y la eterna presencia de Natalia, su madre, a quien había perdido a los 14 años.
Durante el viaje, habían tenido tiempo de sobra para hablar sobre eso, era un tema que a Federico lo conmovía mucho, aunque ya habían pasado muchos años.  Con dulzura y delicadeza, Angélica había logrado que sea una conversación amena. Cerraron el tema justo a tiempo. Federico estaba bajando la velocidad, y eso parecía ser una señal de que estaban llegando a destino. Era un lugar bastante alejado de Carlos Paz. Federico bajo del auto y dijo. – “Esperame acá.” Pero al ver el gesto de desconcierto que hizo ella, agrego – “Bueno, si querés podes venir conmigo.” Angélica bajó del auto, él comenzó a reírse y dijo: “Sos desconfiada eh.” Ella respondió. – “No, no es eso, no quiero quedarme sola” Federico la tomo de la mano, y ambos caminaron hasta la recepción del lugar. Al llegar, el hombre encargado de atenderlos los miro sonriente, al parecer los había reconocido. Angélica bajo la mirada. – “Buenas noches, ¿En qué puedo ayudarlos?” dijo el joven. Federico respondió – “Tenía una reserva, a nombre de…” – “Federico del Valle!” completo el muchacho con entusiasmo. – “Así es…” contesto Federico. – “Que emocionante es esto, no todos los días veo a un crack como vos, y a una de las mujeres más lindas del país como Angélica Mollet.” Dijo el joven. – “No se preocupen, yo no vi nada.” Completo, guiñando un ojo. – “Gracias!” dijo Angélica. El chico le dio unas llaves a Federico, él las tomo y preguntó. – “¿Qué hago con el auto?.” – “Nosotros nos encargamos de estacionarlo.” Respondió el muchacho. Federico agradeció, tomo nuevamente de la mano a Angélica y caminaron por un lugar que parecía ser un patio gigante, hasta que llegaron a una cabaña. Apenas entraron, Federico dijo. – “Antes de que te asustes o pienses cualquier cosa, en el lugar hay dos camas.” Angélica comenzó a reírse descontroladamente. – “No me asuste para nada.” Dijo. – “Bueno, preferí aclararlo antes de que pienses que quiero aprovecharme de vos” respondió Federico con una sonrisa burlona. - “Tengo una duda.” Dijo ella. – “¿Cuál?” pregunto él. – “¿Qué vamos a hacer acá?” pregunto Angélica. Federico sonrió y la agarro y se sentó en uno de los sillones que había en el lugar. – “Por el momento comer, estoy con bastante apetito.” Respondió. – “Después podemos hacer lo que vos quieras.” Agrego, mientras agarraba el teléfono. Ella no contesto, solo sonreía. – “¿Qué te gustaría comer?” le pregunto él. – “Lo que quieras, sorprendéme.” Dijo ella. Luego agregó – “Pero nada que tenga…” – “Carne!! Lo sé.” Completo Federico. Ella lo miro con cara de sorpresa. – “Vos me investigaste, y yo no me quede atrás, esas cosas son esenciales para conquistar a una chica.” Dijo. – “Veo que tenés experiencia, no perdiste el tiempo en Europa.” Respondió Angélica, con tono de reproche.  Federico soltó una carcajada y dijo. – “Todavía no me diste un beso y ya me haces una escena de celos!!” – “No es una escena de celos, para nada! Y sos vos el que arruga con el tema del beso. ¿Serás así para todo?” Respondió ella. – “¿Me estas desafiando?” le contesto él. – “Tomalo como quieras Romeo” le dijo ella. – “Mira que no soy de desaprovechar los centros eh, siempre que cabeceo, es gol.” Contesto Federico. Los dos se miraron y comenzaron a reírse. – “¿Vas a pedir la comida?” pregunto ella. – “Si, pero antes tengo que hacer otra cosa.” Respondió él, mientras se acercaba. Ella lo miro fijamente. – “¿Ah si?” dijo. – “Que pasa princesa ¿tenés miedo ahora?” decía Federico mientras le acariciaba la cara. – “Deja de hablar tanto y hace lo que tenés que hacer.” Respondió ella. Él hizo una leve sonrisa, y sin decir nada más, la beso con una maravillosa mezcla de amor, dulzura y pasión.

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