Una vez lejos del
centro, Federico frenó el coche, miro a Angélica, ya no lloraba, pero sus ojos,
celestes como el cielo, mostraban una profunda tristeza, Federico la abrazo, y
ella volvió a derramar unas cuantas lágrimas, suspiro muy profundamente y dijo:
- “Perdoname, que papelón.” Él le beso la mejilla y le respondió – “¿Me pedís perdón
por llorar? A vos debería pedirte perdón la persona, o el animal que logro que
te angusties de esta manera.” – “Es una pavada, lo que pasa es que estoy
cansada, trato de hacer las cosas bien, y no sirve de nada, me siguen haciendo
daño, no sé qué hacer, todo lo que Aida hace, lo hace para lastimarme. A veces
siento que se ocupa más de que yo no sea feliz, que de buscar su propia
felicidad.” Respondió ella. – “Vos sos un sol, esa chica no merece que te
pongas así, nadie tiene derecho a angustiarte de esa manera, y no es una
pavada, todo lo que esté vinculado a vos, es importante para mí, yo quiero
conocer tus miedos, tus dudas, lo que te hace mal, y lo que te hace bien.” Contestó
Federico. – “Vos me haces bien.” Dijo Angélica con una sonrisa. Él la le beso
las manos y dijo: - “Bueno, no más lagrimas! Ahora vamos a comer algo, y después
a visitar un lugar muy especial.” Volvió a poner en marcha el auto. – “¿A dónde
vamos?” pregunto ella. – “Es una sorpresa, no seas ansiosa” respondió él.
Angélica sonrió. – “Es un poco largo el viaje, no te asustes, aunque me gustaría
que te quedes conmigo, no está en mis planes secuestrarte.” Continuó Federico.
Ella reía.
Durante el viaje
hablaron de sus familias, ella tenía 3 hermanas, Roxana, Violeta, mayores que
ella, y la mas chica Florencia, un sobrino, Agustín (hijo de Violeta). Sus
padres Silvina y Luis. Federico tenía dos hermanas, La mayor de los tres era
Julia, madre de tres chicos, Nahuel, Santino, Micaela, en la espera de su cuarto
hijo, a quien llamará Martin. Y finalmente Margarita, la más joven de la
familia del Valle. Su padre José Luis, y la eterna presencia de Natalia, su madre,
a quien había perdido a los 14 años.
Durante el viaje, habían
tenido tiempo de sobra para hablar sobre eso, era un tema que a Federico lo conmovía
mucho, aunque ya habían pasado muchos años.
Con dulzura y delicadeza, Angélica había logrado que sea una conversación
amena. Cerraron el tema justo a tiempo. Federico estaba bajando la velocidad, y
eso parecía ser una señal de que estaban llegando a destino. Era un lugar bastante
alejado de Carlos Paz. Federico bajo del auto y dijo. – “Esperame acá.” Pero al
ver el gesto de desconcierto que hizo ella, agrego – “Bueno, si querés podes venir
conmigo.” Angélica bajó del auto, él comenzó a reírse y dijo: “Sos desconfiada
eh.” Ella respondió. – “No, no es eso, no quiero quedarme sola” Federico la
tomo de la mano, y ambos caminaron hasta la recepción del lugar. Al llegar, el
hombre encargado de atenderlos los miro sonriente, al parecer los había reconocido.
Angélica bajo la mirada. – “Buenas noches, ¿En qué puedo ayudarlos?” dijo el
joven. Federico respondió – “Tenía una reserva, a nombre de…” – “Federico del
Valle!” completo el muchacho con entusiasmo. – “Así es…” contesto Federico. – “Que
emocionante es esto, no todos los días veo a un crack como vos, y a una de las
mujeres más lindas del país como Angélica Mollet.” Dijo el joven. – “No se preocupen,
yo no vi nada.” Completo, guiñando un ojo. – “Gracias!” dijo Angélica. El chico
le dio unas llaves a Federico, él las tomo y preguntó. – “¿Qué hago con el auto?.”
– “Nosotros nos encargamos de estacionarlo.” Respondió el muchacho. Federico agradeció,
tomo nuevamente de la mano a Angélica y caminaron por un lugar que parecía ser
un patio gigante, hasta que llegaron a una cabaña. Apenas entraron, Federico
dijo. – “Antes de que te asustes o pienses cualquier cosa, en el lugar hay dos
camas.” Angélica comenzó a reírse descontroladamente. – “No me asuste para
nada.” Dijo. – “Bueno, preferí aclararlo antes de que pienses que quiero
aprovecharme de vos” respondió Federico con una sonrisa burlona. - “Tengo una
duda.” Dijo ella. – “¿Cuál?” pregunto él. – “¿Qué vamos a hacer acá?” pregunto
Angélica. Federico sonrió y la agarro y se sentó en uno de los sillones que había
en el lugar. – “Por el momento comer, estoy con bastante apetito.” Respondió. –
“Después podemos hacer lo que vos quieras.” Agrego, mientras agarraba el teléfono.
Ella no contesto, solo sonreía. – “¿Qué te gustaría comer?” le pregunto él. – “Lo
que quieras, sorprendéme.” Dijo ella. Luego agregó – “Pero nada que tenga…” – “Carne!!
Lo sé.” Completo Federico. Ella lo miro con cara de sorpresa. – “Vos me
investigaste, y yo no me quede atrás, esas cosas son esenciales para conquistar
a una chica.” Dijo. – “Veo que tenés experiencia, no perdiste el tiempo en
Europa.” Respondió Angélica, con tono de reproche. Federico soltó una carcajada y dijo. – “Todavía
no me diste un beso y ya me haces una escena de celos!!” – “No es una escena de
celos, para nada! Y sos vos el que arruga con el tema del beso. ¿Serás así para
todo?” Respondió ella. – “¿Me estas desafiando?” le contesto él. – “Tomalo como
quieras Romeo” le dijo ella. – “Mira que no soy de desaprovechar los centros
eh, siempre que cabeceo, es gol.” Contesto Federico. Los dos se miraron y
comenzaron a reírse. – “¿Vas a pedir la comida?” pregunto ella. – “Si, pero
antes tengo que hacer otra cosa.” Respondió él, mientras se acercaba. Ella lo
miro fijamente. – “¿Ah si?” dijo. – “Que pasa princesa ¿tenés miedo ahora?” decía
Federico mientras le acariciaba la cara. – “Deja de hablar tanto y hace lo que tenés
que hacer.” Respondió ella. Él hizo una leve sonrisa, y sin decir nada más, la
beso con una maravillosa mezcla de amor, dulzura y pasión.
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