Una
de las noches más calurosas desde que había comenzado el verano llegaba a su
fin, un auto azul oscuro estacionaba frente a una casa muy linda, con una sencillez
especial.
Federico
llegaba a su casa, en un pueblo pequeño a las afueras de Córdoba capital. Después
de una noche rara, inexplicable, encontraba un poco de tranquilidad. Lejos de
la multitud, del acoso de la gente y de la prensa. Sentado en los escalones que
había en la puerta de entrada, miraba sin entender bien que era lo que miraba,
con la vista perdida, como soñando despierto, pensando. De repente, la puerta
se abrió, una joven dijo con una voz muy dulce y cálida. – “Fede, al fin
llegaste, te estaba esperando! ¿Cómo te fue?”. Federico se levantó, abrazo a la
chica, una joven muy bella, con unos rasgos muy parecidos a los de él. – “Entremos”.
Dijo.
Los
dos entraron, mientras ella se sentaba en uno de los sillones, él preparaba
mate, una de las cosas que más solía extrañar en sus solitarios días Europeos.
- “¿No
me vas a contar como te fue?” dijo ella. Federico la miro, se tomó unos segundos
y dijo. – “No era ella la que me mandaba mensajes, fue una broma de Julián, de
todos modos logre hablar con ella y cenamos, es más hermosa de lo que se ve. Pero
Angélica no es para mí Margarita”. Al ver que la chica no respondía continuo. –
“Es muy linda, y tiene algo especial, su mirada, su sonrisa, es increíble lo
que me provoca esa mujer. Pero no quiere saber nada conmigo, y yo no tengo
tiempo para insistir, en unos días me tengo que… ¿A dónde vas?”. Margarita se había
puesto de pie, con intensión de salir de la habitación. – “Me voy, no me gusta
escucharte hablar así, diciendo cosas tan lindas de una mujer por la cual no estas nada dispuesto a
pelear.” Dijo. – “Esperaba más comprensión de parte de mi hermanita.” Sentencio
Federico. Su hermana volvió a sentarse, espero a que él haga lo mismo y luego
dijo. – “Claro que te entiendo Fede, entiendo que sea difícil, vos me enseñaste
que nada es fácil, que tenemos que pelear por lo que queremos, por eso no puedo
dejar que te des por vencido”. Él respondió – “Esto es diferente, en unos días me
tengo que ir, y dudo poder volver a verla, me parece que no quiere saber nada
conmigo.”. Federico volvió a levantarse, apago el agua del mate, que había hervido y siguió
hablando. – “Yo pensé que podía intentar algo, es raro, nunca sentí algo así,
no puedo explicarlo. Pero también esta Pamela, ella por ahí es la indicada.”
Margarita se levantó muy enojada y grito. – “No seas egoísta! Vos no querés a
Pamela, tenes que dejarla ir y lucha por Angélica, con una vez que la hayas visto no podes estar seguro de que no quiere saber nada con vos, por algo cenaron juntos, tal vez tiene
miedo, es una persona normal, vos mismo lo dijiste, no es solo esa mujer radiante que
muestra al público, le deben pasar muchas cosas por la cabeza.” Federico sonrió, abrazo a su hermana y dijo. – “Lo voy a
pensar hermanita, te lo prometo, pero ahora
quiero dormir un rato. Estoy un poco cansado”. Salió
de la habitación y su hermana lo siguio.
Eran
las 19 hs. Y en la bellísima y habitada ciudad de Carlos Paz, las personas iban
de un lado a otro, las calles en las cuales se encontraban los teatros más
famosos, tenían sus veredas repletas de gente. Sobre todo el teatro “Triunfo”
que tenía en su marquesina a la chica más famosa y popular del momento. Todo parecía
estar en armonía entre las figuras del elenco, pero en los camarines nada era
como parecía, La belleza y el talento de Angélica, eran motivo de envidia y
enojos por parte de una de sus compañeras, Aida, ella no le perdonaba que todos
los hombres que le gustaban, la prefieran a ella. Sin embargo, a pesar de todas
las maldades que Aida hacía para verla mal, Angie sonreía y brillaba en cada función
de “Universo Alegría”, en cada nota que daba a la prensa y con cada fanático
que se acercaba.
Angélica
terminaba de alistarse para la primera función del día, acompañada por un grupo
grande de gente. Todos reían y charlaban tranquilos hasta que la puerta del camarín
se abrió. – “Necesito al peinador ya!”. Dijo una mujer con cara de mala, sin
esperar respuesta salió del lugar y cerro bruscamente la puerta. Uno de los
hombres que estaba allí, se levantó. – “Y bueno, es lo que me toca.” Dijo, y salió.
- “Esta
mujer nunca va a aprender a golpear la puerta, estoy cansada!” Dijo Angélica
muy enojada. – “Tranquila Angie, esta así porque se acerca la elección de ‘La más
linda de la temporada’ y a ella seguramente no la voto ni su propia familia”. Después de
decir esto, Martina estallo en risas y contagio a las otras personas que
estaban ahí. Pero Angélica se remitió a decir. – “Yo solo quiero que me deje en
paz”.
Sin
dar importancia a este ultimo comentario de su amiga, Martina dijo. – "Bueno,
vayan a terminar de arreglarse que en un rato salimos a escena”. Todos se
pararon y salieron del camarín. Una vez que quedaron solas, le dijo a su amiga.
– “¿Que pensas hacer con el bombon de Federico del Valle?”. Angélica respondió.
– “Basta con eso Martu, solo le parezco una diversión, no voy a caer en ese
juego, se terminó, no quiero sufrir más.” Dicho esto, se dispuso a salir del camarín,
pero antes de que pudiera abrir la puerta, la golpearon suavemente. – “¿Quién es?”.
Dijo. Como nadie respondía, abrió la puerta.
- “Hola
Angélica, espero no molestar” Dijo Federico.
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