Federico se quedó esperando
que Angélica diga algo, pero ella no respondió. – “Pasa, yo me estaba yendo.
Ah! Que lindas flores, pero… ¿Para quién es ese ramo tan lindo? A Angie no le
gustan mucho, pero viniendo de vos tal vez les toma cariño a las flores.” Dijo Martina.
Soltó una risita y enseguida salió del camarín.
Federico titubeo y
liego dijo. – “Son… Las flores son para mi hermana.” Una vez más, Angélica no respondió.
Entonces Federico decidió entrar y cerrar la puerta. – “¿Estas enojada?”. Dijo.
– Ella por primera vez desde que él había llegado, hablo: “No, no estoy
enojada, pero la verdad no sé qué buscas, apareciste en mi vida de un día para
el otro, diciéndome que yo te había citado, intente ser clara con vos y…” – “Sigo
insistiendo.” Completo Federico. - “Si, seguís insistiendo.” Repitió ella, como
si pensara que diciéndolo muchas veces, el mensaje quedaría claro y Federico se
iría. Sin embargo el muchacho seguía allí, por un momento pensó que llevaba
horas en silencio, pero solo habían pasado segundos, los segundos más tensos
que había vivido en mucho tiempo. – “Yo sé que para vos soy uno más de los
miles de pretendientes que se te acercan, pero…” Angélica interrumpió
bruscamente. – “Vos no sabes si yo tengo miles de pretendientes, y tampoco
sabes lo que pienso.” Dijo. Sin mirarla a la cara, Federico continúo. – “No
quise ofenderte, sos una mujer hermosa, cualquier hombre daría lo que sea por
estar con vos.” Levanto la vista y la miro, pero ahora era ella la que bajaba
la mirada. – “No quiero que pienses nada malo de mí, suena trillado y hasta
poco original lo que voy a decir, pero desde que te vi, no dejo de pensar en
vos, no sé por qué, no entiendo de esas cosas, pero te juro que no pretendo
lastimarte, solo quiero conocerte más.” Dijo.
Sin levantar la vista
del suelo, Angie dijo: – “Yo lo sé, siento que sos un buen tipo, pero no es un
buen momento en mi vida y…” se quedó callada. – “¿Y…?” le pregunto él. – “Ya va
a empezar la función, tengo que salir al escenario, perdón.” Respondió ella.
Federico suspiro y luego sonrió. Angélica levanto la vista, por primera vez se
cruzaron sus miradas, sin decir nada miraban profundamente en los ojos del
otro. Angélica tuvo la sensación de estar en otro lugar, con la tranquilidad
que hace mucho buscaba, pero la paz se fue rápidamente, alguien había abierto
con brusquedad la puerta del camarín. – “Sos la única que falta! Si querés
estar con un tipo, búscate otro lugar, acá estás trabajando querida, no tenemos
toda la vida para esperarte a vos!” grito Aida. – “Me tenés harta! Primero, se más
educada y antes de entrar a mi camarín, golpea la puerta que para eso está! Y
segundo, yo se perfectamente a que vengo acá, no te pases de viva porque no te
pienso seguir bancando insultos y agresiones!” le respondió Angélica muy
enojada. – “Y ahora te vas de mi camarín! No te quiero ver acá!!!” seguía gritando.
Aida lanzo una carcajada y sin moverse del lugar dijo mirando a Federico, quien
no había emitido palabra ni movimiento alguno desde que la mujer entro: - “Vos
seguro te confundiste y esta zorrita, como siempre, no dejo pasar la
oportunidad de histeriquear con un tipo. Venís a ver a Julieta ¿No? Yo te
acompaño.” Desorientado y nervioso por la situación, Federico miro a Aida, luego
a Angélica, nuevamente a Aida, y dijo: - “No sé bien quien sos y por qué decís
estas cosas, pero no conozco a ninguna Julieta.” Sin darle tiempo a Aida de
responder, miro una vez más a Angélica y dijo en voz baja. – “Te voy a estar
esperando al término de la segunda función, todavía tenemos una charla sin
terminar.” Dicho esto, tomo el ramo de flores y salió del camarín.
- “Que romántico que
un hombre traiga flores y no te las de. Seguro que Julieta lo debe estar
esperando ansiosa, sos muy patética Angélica, no aprendes más.” Después de
tirar el último comentario malicioso, Aida se fue del camarín. En los celestes
y brillantes ojos de Angélica se habían asomado algunas lágrimas. Pero la bella
mujer, se miró al espejo, suspiro profundamente y salió de su camarín, cerrando
fuertemente la puerta, como si esta tuviera la culpa de su mal estar, queriendo
deshacerse de alguna forma, del enojo que sentía.
Una vez parada detrás
del gran telón que separa la puesta en escena del público, Angélica pensaba en
Federico, en las flores, y en las palabras de Aida. – “Ey Angie, concéntrate que
salimos” dijo el director. Sin más remedio, Angélica se esforzó por sonreír, el
telón subió, y la multitud, los flashes y el ruido, la llevaron una vez más a
su realidad de cada día.
Federico salía del
teatro con el ramo de flores en la mano, su hermana Margarita lo esperaba en la
entrada. – “¿No se lo diste? ¿Qué paso? ¿Por qué tardaste tanto?” dijo ella.
Él, con una gran sonrisa le respondió. – “Antes de meter la pata, supe que no
le gustan las flores, asique quédate con el ramo. La vi, hablamos un rato.
Cuando la segunda función termine, vamos a seguir hablando.”. Margarita sonreía.
– “Ya sé, querés detalles, pero te los cuento en el camino, tengo que hacer una
cosa.” Los dos hermanos caminaron hasta el auto.
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