viernes, 23 de noviembre de 2012

Capítulo 10: Marcando territorio.


Angélica y Federico se besaban tan apasionadamente que habían perdido la noción del tiempo y del espacio, ambos habían estado esperando ese momento desde el día en que se conocieron. Parecía que nada ni nadie podía separarlo de ahora en mas, que ese beso era solo el comienzo de una gran historia de amor. De repente golpearon la puerta. Ellos tardaron unos segundos en separarse. – “¿Quién es?” dijo ella, con todo de fastidio. – “Disculpen, les traigo unos folletos con actividades que pueden realizar mañana, y la carta por si se les antoja comer algo, el bufet esta las 24 a su disposición.” Respondió alguien detrás de la puerta. Federico estaba a punto de abrir, pero Angélica lo detuvo, le limpio los labios, en los cuales tenia lápiz labial, consecuencia del largo y apasionado beso, al tiempo que él decía. – “Gracias, ya salimos.” Y a los pocos segundos abrió la puerta, tomo los folletos y la carta, agradeció al empleado y cerro nuevamente la puerta. – “Bueno, ahora si hablemos de lo que vamos a hacer ¿Te parece bien?” dijo él. – “Me parece perfecto.” Respondió ella. Ambos estuvieron un largo rato mirando los folletos y luego el menú, tardaron más de lo debido, porque de vez en cuando la organización de los planes, era interrumpida por unos besos. Ya habían pedido finalmente algo de comer, mientras esperaban que les traigan el pedido, Federico decidió tomar un baño, ella miraba con entusiasmo una revista de moda que había en un estante, hasta que el celular de Federico comenzó a sonar. La curiosidad que sentía Angélica era enorme, pero se esforzó por seguir mirando la revista y lo logro, pero el celular volvió a sonar, esta vez no pudo controlarse y lo agarro. – “¿Atendes por favor?” grito Federico desde el baño, pero Angélica parecía no haberlo escuchado. La cara se le había transformado completamente al ver que decía: ‘Llamada entrante de Princesita’. Volvió a dejar el teléfono sobre la mesa. Federico salió del baño con una sonrisa, que al ver la cara de enojo de ella, se transformó automáticamente en cara de desconcierto. – “¿Paso algo? ¿Quién me llamó?” dijo mientras agarraba su celular. Ella, cruzada de brazos y muy seria, miraba para el lado contrario de donde estaba parado Federico. – “¿No me vas a decir nada?” dijo él. – “El que tiene que decir algo sos vos.” Dijo ella sin mirarlo. – “La que parece estar enojada sos vos.” Respondió Federico. Angélica lo miro enfurecida, se levantó y dijo. – “Te llama a las 3 de la mañana una mujer a la cual tenés agendada como ‘Princesita’ y todavía te da la cara para preguntarme que me pasa!” Federico la miro serio. – “No es lo que vos pensas.” Dijo. – “Ah claro, no es lo que yo pienso, ahora me vas a decir que era tu sobrinita que se le da por llamar a la madrugada.” Respondió Angélica. Él sonrió, ella lo miro con furia. - “Era mi hermana menor.” Dijo. Ella se rió falsamente. – “Si, claro.” dijo con ironía. Federico estaba haciendo una llamada. El tono de llamada se escuchaba fuerte, ya que había puesto el teléfono en alta voz. – “¿Hola?” se escuchó decir a una mujer del otro lado del teléfono. – “Hola hermanita! ¿Paso algo que me llamas a esta hora?” dijo Federico. Su hermana contesto: – “Perdón por interrumpir, quería decirte que voy a dormir en tu habitación esta noche, pero no pasó nada solo es porque…” – “¿Que paso?” interrumpió Federico. – “Ya te dije que nada! Solo quería avisarte por si venias y me encontrabas acá.” Continuó ella. – “Decime la verdad!” dijo muy alterado él, Angélica lo miraba con culpa. – “Estoy bien hermanito, no llame para arruinarte la noche! Mañana hablamos, te quiero.” Respondió ella y corto el teléfono. Federico se sentó en el sillón sin decir nada. Alguien golpeo la puerta. – “Un minuto por favor.” Dijo Angélica, y luego fue a recibir la comida. Cuando volvieron a quedarse solos dijo: - “Disculpame, yo…” – “Todo bien, no te preocupes.” Interrumpió él, que seguía muy serio. - “¿Estás enojado?” pregunto ella. – “Un poco, pero no con vos.” Respondió Federico. Angélica dejo la comida sobre la mesa, se sentó al lado de él y dijo: – “¿Le paso algo a tu hermana? ¿Querés volver?” Federico le dio un beso, se levantó y dijo: - “No te preocupes, vamos a comer.” Durante la cena estuvieron muy callados los dos, pero cuando terminaron de comer. Decidieron salir a caminar por el predio. Federico le conto que no le caía nada bien el novio de su hermana, y que no le gustaba para nada la idea de que la haya hecho algo. Pero para intentar cambiar el ambiente tenso que se había creado, decidió cambiar de tema. – “Sos desconfiada y celosa!” le dijo. – “No, pero me tomo por sorpresa, no es que siempre reaccione así.” Dijo ella. Él comenzó a reírse.
Habían pasado toda la madrugada entre besos y charla frente al rio, sentados en unas rocas, esperaban el amanecer. Cuando el sol comenzaba a asomarse, Angélica dijo. – “Quisiera quedarme así siempre.” Y él le respondió. – “Los dos tenemos el mismo deseo, no importa donde estemos, si lo que sentimos sigue estando dentro de nosotros, y crece todos los días.” Durante la caminata nocturna, habían decidido volver a Carlos Paz, y así lo hicieron apenas termino de salir el sol. Durante el viaje de vuelta, planearon que hace durante el día, pileta, paseos y mas, pero todo cerca de la Villa, para que Federico pueda estar cerca de su hermana, sin que ella lo sepa, ya que cuando la llamo antes de salir, le dijo que se enojaría mucho si volvía temprano, solo para asegurarse de que todo esté bien. En el camino, Martina había llamado a Angélica para invitarla a un asado que había organizado uno de los compañeros de elenco, y con el consentimiento de Federico, había aceptado, ya no le preocupaba que los vean juntos, y a él mucho menos.
Cuando llegaron al lugar, la mayoría hacia bromas y gestos de complicidad al saludar a Federico, como si no les sorprendiera para nada verlo ahí. Todo estaba muy divertido, Federico ayudaba a preparar el fuego para el asado, como si fuera uno mas del grupo de amigos, y Angélica tomaba sol en el borde de la piscina junto a las mujeres del elenco. Todo era muy ameno, hasta que vio llegar a Aida, de la mano de un hombre, rubio, con una larga nariz, y cara de estar oliendo algo feo. Mientras ella saludaba a las pocas personas con las que tenía buena relación, él caminaba hacia Angélica. Ella se levantó rápidamente, sus compañeras también. Desde la otra puta, Federico miraba expectante. – “Váyanse que quiero hablar con ella.” Ordeno el hombre. Las cuatro chicas que acompañaban a Angélica la miraron esperando que ella diga algo. Federico se acercaba despacio sin que nadie lo notara. – “Yo no tengo nada que hablar con vos Mauricio.” Dijo por fin Angélica, e intento irse, pero Mauricio la había agarrado fuertemente del brazo. – “Te quedas acá.” Dijo, las amigas se habían quedado paralizadas, Aida se acercaba al lugar, Federico corría, al mismo tiempo que Angélica decía. – “Me estas lastimando! Soltame!” Cuando Mauricio quiso contestar algo, Federico ya estaba ahí. Al verlo se detuvo por unos segundos, lo miro y dijo. – “Correte.” Federico hacia un esfuerzo enorme por controlarse. – “Soltala! ¿No escuchaste?” dijo. Mauricio soltó a Angélica, quien miraba aterrorizada, y dijo. – “Veo que ya se consiguió un imbécil que la defienda, pero le va a durar poco, este tipo de minas son solo para divertirse.” Federico lo empujo a la pileta, todos corrieron hacia el lugar, Aida gritaba como loca. Angélica trataba de retener a Federico, quien gritaba. – “Sos patético, poco hombre y muy idiota!”. Los demás hombres presentes trataban de calmar las cosas, el dueño de la casa miro a Aida y dijo enfurecido: - “Vos y tu novio se van de mi casa ya!” Mauricio salió de la piscina lleno de rabia, sin dejar de lazar insultos, él y su novia se fueron.

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