Habían pasado quince
minutos de la media noche. Federico y Margarita esperaban con una enorme caja de bombones, en la puerta del
teatro ‘Triunfo’ la salida de Angélica, la segunda función había termina hacia
unos minutos, Federico miraba cada 30 segundos su reloj, la esquina, y la
puerta del teatro, repetía esto una y otra vez. – “Ya va a llegar! Me pones
nerviosa! A demás si la conozco mejor, seria lindo ser la primera de la familia
en conocer a tu futura esposa.” Dijo Margarita, y comenzó a reírse. – “Este
chico no va a cambiar nunca! Le dije que sea puntual, fui más que claro! Este
lugar se va a llenar de periodistas y me van a arruinar todo!” gruño Federico.
Segundos después, un
auto estacionaba justo en frente, un joven alto, con cabello rizado y cara de estar
un poco tenso, bajo y camino hacia ellos. – “Para navidad, podrías pedirle un
reloj a papá Noel. A ver si de esa manera llegas al horario que se te pide, y
no cuando tenés ganas!”. Dijo Federico. Margarita intervino con tono
pacificador. - “Lo importante es que ya está acá. No te enojes Fede! Espero que
todo te salga bien, te espero despierta para que me cuentes.” Miro al joven y
continuó. – “Vamos Fabián!” cuando iba a saludar a su hermano, él la freno y
dijo: - “Cuando lleguen al hotel, mándame un mensaje avisándome por favor,
quiero estar tranquilo. Cuidate y cualquier cosa me llamas!” Margarita lo
saludo. Federico la miro serio. – “Si hermanito querido, te llamo, me cuido, te
aviso, no te preocupes por mí.” Tomo de la mano a Fabián y ambos caminaron
hasta el auto. Federico se paró de espaldas a la gente, como escondiéndose, y volvió
a mirar su reloj.
En el interior del
teatro, un tumulto de gente rodeaba a Angélica, ella posaba para los flashes,
firmaba autógrafos y saludaba a la gente. Ya había dado varias notas a la
prensa, hablando del éxito de la obra, y de la pronta llegada de la elección de
‘La más linda de la temporada’ Concurso del cual, era candidata a ganar desde
que comenzó la temporada. Evadiendo temas sentimentales y sin responder, una
vez más, a las agresiones y declaraciones de su denominada ‘Enemiga publica’. Luego
de quedar contentos con las declaraciones de la rubia más linda del país, y
resignados con el silencio evasivo sobre peleas y amor, la prensa estaba en
otro rincón, tratando de obtener, declaraciones de la otra parte, Aida hablaba
con entusiasmo, pero sin dejar de mirar lo que su compañera de elenco hacía,
haciendo más notorio que estaba hablando nuevamente sobre ella. En cambio, a lo
que menos prestaba atención Angélica, era a lo que hacía Aida.
Después de unos
minutos de dedicación a sus fanáticos, Angélica se acercó a Martina, y le dijo
al oído: - “Por favor, asomate a la puerta, y fíjate si está este chico, Federico,
si lo ves, decile que se vaya, hay mucha gente, mucha prensa y no quiero que se
rumoree nada.” Su amiga le respondió. – “Salí por la puerta de atrás, yo le
aviso, ni se te ocurra dejarlo plantado porque te mando al frente con los
medios, y soy capaz de hacerlo, lo sabes!” Angélica la miro sorprendida, movió
los labios como para hablar, pero no dijo nada. Martina comenzó a caminar hacia
la puerta, su amiga la siguió. – “Martina! Martina espera! No me podes hacer
una cosa así! Sos mi amiga!” gruñía Angélica. Martina se dio vuelta y dijo. – “Si
seguís gritando de esa manera, los periodistas van a dejar de hacerle notas a
Aida, que debe estar disfrutando mucho hablando de vos, y van a venir hacia
nosotras. NO PONGAS ESA CARA ANGIE! Dale, anda!”.
Angélica de mala
gana, se dispuso a salir por la parte trasera del teatro. Caminaba nerviosa,
como con miedo a que alguien la descubra. Estaba tan tensa que al escuchar – “Chau
Angie” dio un saltito de susto, creyendo que era algún periodista que la estaba
siguiendo. Pero fue el director de la obra, Mariano Coronel, quien había hablado.
– “Hasta mañana Mariano”. Respondió por fin.
Ya había llegado a la
salida de atrás, con cara de susto miraba a un lado y al otro. Por otro lado,
Martina buscaba a Federico, la multitud hacia más lenta su búsqueda, entre
fotos, gritos y demás. De repente vio al muchacho caminando hacia su auto, sin
pensarlo corrió hacia él. – “Federico!” grito, y todos se dieron vuelta. La
multitud corrió hacia el famosísimo futbolista, fanáticos y periodistas lo
rodearon en cuestión de segundos. Preguntas como. – “¿A quién viniste a ver?” –
“¿Estas en pareja con alguien de la obra?”. Y pedidos como – “fírmame esto…” – “Sacate
una foto conmigo” empezaron a escucharse. Federico miraba a Martina, quien hacía
gestos raros y señalaba a un lado, a otro, intentando decirle algo. Él sofocado
hombre tomo valor y dijo – “Estaba de pasada. Solo paseaba por Carlos Paz.” Al ver
que Martina camino hacia la esquina, firmo un par de autógrafos, se subió al
auto y dijo. – “Gracias, les mando un beso, ahora me tengo que ir, perdón”. Arranco
el coche, y doblo en la misma esquina que Martina, esta estaba esperándolo.
Federico bajo el vidrio de la ventana del auto y dijo – “¿Qué pasa?”. Martina
suspiro y dijo. – “Por un momento pensé que te ibas a ir, Angie te está
esperando en la otra salida, la que esta atrás. Bueno, hace como 20 minutos, no
si se seguirá ahí.” Federico arranco el auto, y grito: - “Gracias!”. Martina
hizo un gesto de triunfo.
Angélica seguía parada
en la puerta de salida, con cara de fastidio. Al ver que un auto frenaba se quedó
inmóvil, hasta que vio a Federico bajarse. – “Perdoname, se me complico
escaparme de la gente y de la prensa, tu amiga es un poco eufórica.” Dijo él. –
“¿La prensa? Ay no!” Respondió ella. Federico sonrió y luego dijo: - “Tranquila,
por el momento estamos a salvo. Ahora te invito a tomar algo, y no me pongas
excusas.” Le señalo la puerta del auto, y Angélica sin decir nada, le devolvió la
sonrisa y subió.
Durante el viaje,
Federico le conto detalle por detalle lo que había pasado, ella solo reia, y repetía
una y otra vez. – “Que suerte que pudimos salir de aprietos”. Federico había frenado
el auto frente a un restaurante muy tranquilo y alejado de la ciudad. Antes de
bajar le dio la caja de bombones y dijo. – “Me gustaría llevarte a un lugar mejor, pero necesito
tranquilidad para hablar con vos linda.” Ella le respondió. – “No importa el
lugar, lo que vale es la compañía.” Los dos bajaron del auto y entraron al
lugar.
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