miércoles, 21 de noviembre de 2012

Capítulo 8: el consuelo de los debiles


Angélica había pasado las poquitas horas que le habían quedado de descanso, disfrutando de la piscina que tenía en la casa que disponía para la temporada, con su amiga Marina, mientras le contaba lo que había vivido la noche anterior, en su primera cita oficial con Federico. Camino al teatro, las amigas seguían charlando sobre lo mismo. – “No quería llegar a esto, pero ya que no me lo mencionaste, te lo voy a preguntar sin rodeos.” Dijo Martina, su amiga la miro sorprendida. – “¿En qué momento se besaron?” concluyó. Angélica sonrió aliviada, como si hubiese estado esperando una pregunta más fuerte. – “Todo el tiempo.” Dijo. Al ver la cara de desconcierto de su amiga, continuó. – “Nos besábamos cada vez que nuestras miradas se cruzaban.” Termino. Martina comenzó a reírse, le acaricio la espalda a su amiga al tiempo que decía. – “Tanto berrinche hiciste para terminar así, no lo puedo creer amiga.” – “Yo tampoco, es tan distinto, tan raro todo…” dijo Angélica. - “Pero yo te veo bien, pensé que después de lo que paso con Patricio, te iba a costar mas abrir tu corazón.” Le respondió su amiga.
Angélica estaba terminando de estacionar el auto, antes de bajar dijo. – “Yo pensé que nunca mas me iba a enamorar, y Federico me desequilibro completamente, en poco tiempo logro hacerme acordar de que todavía tengo un corazón, de que soy capaz de dar y de recibir amor.” Las amigas se abrazaron y luego de unos minutos, bajaron del auto. Había gente esperándolas en la entrada, eso las detuvo por unos minutos más, después de un rato, entraron al teatro. Tenían dos funciones por realizar, antes del descanso de tres días. Llegando a los camarines, se cruzaron con Aida, quien le lanzo una mirada llena de odio a Angélica, quien la ignoró y siguió caminando con una sonrisa, muy segura de que si había algo que en verdad hacia enojar a Aida, era verla feliz, sin dar la mas mínima importancia a lo que ella le hacía.
Federico esperaba sentado en el restaurante del hotel, con la carta del menú en la mano. Después de unos minutos agarro su celular, que estaba sobre la mesa, y cuando estaba a punto de presionar el botón de llamada, vio que su hermana llegaba. Margarita estaba muy seria, y con los ojos rojos, daba la impresión de que había estado llorando. Sin decir nada, se sentó frente a su hermano y dijo: - “¿Qué pedimos? Comamos rápido así no llegas sobre la hora a buscarla…” Federico la miro fijo, y muy serio. – “Fabián no se sentía bien, prefirió quedarse a descansar.” Dijo ella. Su hermano seguía mirándola fijamente. – “¿Y eso lo decidió antes o después de hacerte llorar?” dijo al fin. Margarita bajo la mirada y dijo: - “No paso nada grave, quédate tranquilo Feche”. Federico respondió. – “Si un tontito hace llorar a mi hermanito, lo que menos puedo hacer, es estar tranquilo. Pero si no querés contarme, no importa, ya me voy a enterar que paso.” Su hermana levanto la mirada y dijo: - “Comamos pastas, tengo antojo de ñoquis.”. Federico se puso pálido, titubeo y dijo: – “¿Antojo?”. Margarita comenzó a reírse, y sin dejar de hacerlo dijo: - “Es una forma de decir!”. Los hermanos rieron.
En el teatro “Triunfo” acababa de terminar la segunda función de la noche. Angélica corría hacia su camarín, pero algo la detuvo cuando estaba por entrar, justo en la puerta de su camarín, estaba Aida, Angélica caminaba despacio mientras decía. – “¿Te podes correr?”. Aida respondió: - “Antes me vas a escuchar.” Angélica insistió. – “No tengo ganas, y estoy apurada, correte.” Aida soltó una risita maliciosa, y dijo: - “¿Apurada? Ah claro, tenés que ir a retener a tu muñeco de turno antes de que se vaya corriendo a los brazos de otra.” Angélica intento pasar, sin responder. – “Nadie te va a tomar en serio! Date cuenta chiquita! Te moris de envidia porque yo me caso con Mauricio, ni todas las mentiras que dijiste te sirvieron para separarnos.” Continuó Aida. – “Correte de mi camino!” grito Angélica. Aida se fue riéndose, satisfecha y contenta por lo que había hecho. Angélica, se cambió apresurada, agarro sus cosas y salió rápido del camarín, en el camino se cruzó a Martina, quien la noto rara y le dijo: - “¿Qué te pasa?” – “Después te cuento.” Le respondió su amiga, con lágrimas en los ojos, sin decir mas, siguió caminando, al salir por la parte trasera del teatro, vio a Federico parado al lado de la puerta de su auto. Sin decir nada corrió hacia él, lo abrazo fuerte, y rompió en llanto. – “Sacame de acá por favor.” Le dijo. Él hombre sin preguntar nada, la tomo fuertemente de la mano, abrió la puerta del auto y dijo. – “Vamos a donde quieras princesa, pero por favor no llores.” Angélica subió al auto. Federico miro hacia la esquina, y vio que una multitud venia hacia allí, al darse cuenta de que no habían notado su presencia, corrió hacia la otra puerta, puso primera y arranco el auto.

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