lunes, 21 de enero de 2013

Capítulo 15: Autocontrol.


Federico camino lentamente hacia su hermana, ella no decía nada, las lágrimas seguían brotando de sus ojos, pero no hablaba, estaba como esperando que su hermano diga algo, pero él no dijo nada, solo se sento a su lado y la abrazo, ella rompió en llanto, y luego de varios minutos, cuando sus lagrimales parecían estar secándose, dijo. – “¿No me vas a preguntar nada?” Federico estaba muy serio, pero aun así la abrazaba fuerte. – “No, se que por más preguntas que te haga, si no queres contarme, no lo vas a hacer, prefiero que salga de vos, que confíes en mi y me digas que te pasa, yo lo único que quiero es que estés bien.” Respondió Federico. Su hermana se seco las lagrimas, lo miro a los ojos y dijo.  – “No es falta de confianza, lo que no quiero es meterte en mis problemas, tengo que aprender a resolverlos sola, vos tenés tus cosas, tu vida, y yo no quiero que te preocupes por mi.” Él seguía muy serio, su mirada reflejaba unas ganas enormes de salir corriendo y buscar al posible culpable de lo que estaba pasando, cada minuto que pasaba, estaba mas seguro de que Fabián había hecho algo muy grave, lo suficiente como para que su hermana haya pasado toda la mañana llorando. – “Yo tengo mi vida, mis cosas, pero vos sos parte de ello, tus problemas son míos también, siempre que esté a mi alcance te voy a ayudar, si pudiera evitarte malos momentos, quiero que tengas la certeza de que lo haría, sin pensarlo. Yo entiendo que estas creciendo, que tenés que buscar tu camino, y sé que para eso te tenés que equivocar, pero nunca voy a dejar de preocuparme por vos, no importa si vos querés o no, es un hecho que todo lo que te pase me afecta y me importa.” Dijo. Margarita volvió a derramar un par de lágrimas. – “Quiero contarte lo que me pasa, pero aunque por un lado tenga ganas de que hagas lo que pienso que vas a hacer, por el otro no quiero que te metas, si yo permito que salgas corriendo a enfrentarte con Fabian, estaría comportándome como una nena chiquita y resentida, y no  quiero eso, quiero demostrarle que puedo sola.” Dijo. Federico respiraba agitado. – “Esta bien, no voy a hacer nada que vos no quieras.” Respondió. Ella lo miro fijo y muy seria dijo: – “¿Me lo prometes?” Él asintió con la cabeza. – “Anoche…” continuo ella, interrumpida por una lagrima que se asomaba, respiro profundo y siguió. – “Anoche discutimos, él tenía ganas de salir, y yo no, se enojo, me dijo que era una amargada y que él iba a salir igual. Yo le dije que haga lo que quiera, en el fondo esperaba que se quede y que pasemos un lindo momento, tranquilos, sin ruido y sin fiestas, pero se fue, y no volvió.” Federico miraba al suelo, y no decía nada. – “Esta mañana me levante temprano, no quería estar cuando él viniera, así que iba a ir al centro a caminar un rato, pero cuando Salí del hotel, lo vi con una chica.” Federico levanto la vista. – “En ese momento no dije nada, volví a entrar y lo espere en la habitación.” Continuó ella. – “Es un imbécil!” dijo su hermano. – “Cuando llego se tiro en la cama sin decir nada, le dije que teníamos que hablar, y no me hizo caso.” Siguió Margarita. Federico la miraba serio, ella seguía hablando. – “Como no me prestaba atención, me enoje y empece a gritarle que se levante, que quería hablar con él. Y se levanto muy sacado, empezó a decirme cosas y cuando le dije que se vaya me…” Margarita se quedo callada, Federico se levanto. – “¿’Te…’ qué?” dijo. Margarita se levanto también. – “Sentate y tranquilízate Fede.” Dijo la joven. – “Contestame!” dijo él con voz muy fuerte. – “Me dijiste que no ibas a hacer nada, no termino de contarte y ya te pones así!” respondió ella. – “Por Dios Margarita, respondeme lo que te estoy preguntando, no me pongas peor!” insistió él. – “Me dijo que me vaya, que lo deje en paz y solo.” Dijo Margarita, mirando hacia abajo. – “Mentira.” Contesto su hermano. – “Decime la verdad.” Dijo. Margarita levanto la vista. – “Esa es la verdad.” Dijo muy seria. – “No te creo nada.” Sentencio Federico. Margarita estallo en llanto y dijo. – “Bueno, no es mi culpa si no me cees, esa es la verdad y te pido por favor que me entiendas y que no te metas.” Federico miraba hacia la puerta, internamente su mente tenia una gran batalla, no sabia si ir corriendo a buscar a Fabian, o quedarse conteniendo a la hermana. – “Te conozco, por mas que insistas en negarlo, algo mas paso, algo te dijo o te hizo, por algo te quedaste callada, quisiste evitar que reaccione así, pero tu silencio fue una confirmación total.” Dijo, ella intentaba dejar de llorar, respiraba agitada. – “Tranquilizate, no llores mas.” Continuó él, y la abrazo. – “Me pone muy mal todo esto, no quiero verlo mas.” Dijo ella. – “¿Dónde fue ahora?” Pregunto Federico. – “No se, le dije que se vaya, te llame a vos para que se asuste, y se fue.” Respondió ella. – “Claro, por eso estabas tan rara.” Dijo Federico. – “Quedate tranquila, si no queres verlo, no lo vas a ver.” Continuó. – “Pero Fede…” dijo ella, su hermano la interrumpió. – “No lo voy a sacare a las trompadas, no porque no quiera, sino porque no me dejas.” Dijo. – “Supongo que va a venir a buscar sus cosas.” Dijo ella. – “Yo lo espero y cuando venga te aviso.” Federico sonrió sarcásticamente. – “Vos anda a mi cuarto, yo me quedo aca a esperarlo.” Dijo. – “No, pero…” intento contradecirlo Margarita, pero Federico fue muy claro. – “Anda a mi cuarto Margarita, ya te dije que voy a hacer las cosas bien.” Concluyo. Su hermana no dijo nada y se fue de la habitación.
Angélica daba vueltas en círculo, desde que había llegado a su casa, esperaba noticias de Federico, pero no recibia respuestas. No era el único tema que la inquietaba, también le daba vueltas en la cabeza lo que había dicho Mauricio, sabía que toda la prensa la iba a acosar para que responda, y aunque sentía unas intensas ganas de contestarle, sabía que no valia la pena seguir fomentando esa pelea, y que diga lo que diga, tanto él como Aida iban a seguir atacándola, también se preguntaba si desde la producción de la obra, tomarían alguna medida en contra de Aida, y no perdia las esperanzas de que de la forma que sea, ese ensañamiento absurdo que Aida tenia con ella, se termine de una vez. La ansiedad y el hecho de no haber comido nada, hicieron que se sintiera un poco mareada, y decidió cocinarse algo, así también mataría el tiempo. Cuando empezó a prepararse una completa ensalada, su teléfono comenzó a sonar y Angélica salió corriendo. Atendió sin mirar quien era. – “¿Hola?” dijo. – “Amiga! Que bueno que me llamas, tengo muchas cosas para contarte. ¿Cómo estás?” dijo luego de unos segundos. – “Yo estoy bien, bueno, relativamente, ya vamos a hablar bien…” seguía Angélica, y así estuvo durante media hora, feliz con la noticia de que su mejor amiga llegaría a principios del mes de Enero. Apenas corto, su teléfono volvió a sonar, esta vez era Federico, quien la puso al tanto de todo lo que había sucedido y le pidió que luego de resolver sus asuntos, salgan a festejar su cumpleaños, que no había llegado en un buen día. Angélica acepto sin dudarlo, no podía oponerse a nada luego del día tan agitado que había tenido Federico. Ella consideraba que lo minimo que podía hacer por él, era darle la satisfacción de terminar bien su día. Luego de comer, con lo cual ocupo mucho tiempo ya que mientras lo hacia, hablaba con Federico, se decidió a preparar un postre para sorprenderlo. Angélica preferia hacer lo que sea con tal de no estar tranquila, porque eso implicaría pensar, y pensar era algo que la llevaría a sacar conclusiones extrañas y a imaginarse cosas que aun no habían pasado, era consciente de que Federico tendría que irse muy pronto, y esa idea la llenaba de dudas, de miedos, pero tampoco estaba dispuesta a retroceder  casilleros, no quería, y no podía hacerse para atrás, había decidido disfrutar cada momento y dejar que el destino acomode las cosas, al fin y al cabo, no faltaba mucho para que la realidad caiga sobre ellos, y si lo que estaba viviendo era un sueño, elegía disfrutarlo hasta que alguien la despierte. Una vez terminado el postre, tomo un baño, se relajó mientras escuchaba las más románticas canciones de su interprete favorito, y para no dejar que los pensamientos negativos la invadan, empezó a recordar la corta, pero muy intensa historia de amor que ocupaba gran parte de su vida en este momento. Estaba tan relajada que sin darse cuenta, se quedó dormida en el Jacuzzi.

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